viernes, 19 de enero de 2007

DE VUELTA DE DAR VUELTAS

Perdonen que no me levante. Agotada anda una de la vuelta y revuelta de la fiesta y de las rebajas. Bueno, eso de rebajas, mas bien pocas. Es que las aglomeraciones me ponen mala. Como estoy criada entre Mirurgia y Channel, tengo la nariz algo respingona y poco tolerante con los efluvios del vulgo y del noble; de ahí mi falta de asistencia a las semanas fantásticas y quincenas de oriente.

Pues eso, que estoy ojerosa y falta de sueño, y es que no hay asunto mas desgastador y devastador que tener una familia que te adopta en Navidad.

Corría el año due mille (que más que correr, daba saltitos y me pasó rozando), cuando estando de café y terracita (¡que raro…!), mi queridísimo Happy me tomó de la manita y mirándome directamente a mis ambos dos pedazos de ojos me dijo:
-¿Qué piensas hacer estas vacaciones? Se que estas algo depre, y la Navidad no son fechas para estar solo en casa. ¿Quieres pasar la Nochebuena conmigo?

Vale. Que nadie sonría y mucho menos enarque una ceja (básicamente porque a mi no me sale y me da mucha, pero que mucha envidia, todos los individuos preparados genéticamente para mover los pelos de la cara. No es que tenga aspiraciones de lela, bueno si, alguna tengo, pero es que mover las cejas y dar palmas al mismo tiempo, con un buen representante y algún contacto televisivo, puede dar algunas pelillas.)
Lo que me estaba proponiendo Happy no era nada relacionado con el amor, ni siquiera con el sexo. Tampoco quería sentar un pobre a su mesa, nooooooooo. Lo que pasa es que Happy no se nos casa. Que no. Y en su casa empiezan a pensar mal. Se ha convertido en un incomprendido, en un prófugo de los altares. Y al muchacho lo que le gusta es ir por libre. También es que no hay quien lo aguante, excepto Evita, claro, pero no seré yo quien se lo diga.
- Ni de coña. A mi no me pillas.
- Solo te he invitado a pa…
- No. Y no es no.
- Por favor.
- No.
- No podré soportar otro año de lamentaciones. Creen que soy un maniaco o algo así.
- Pues pórtate como un hombretón y diles lo que hay: te huelen los pies y por eso no te casas. Y si que eres un maníaco.
- No tenemos que decir que somos novios. Solo tienen que verme acompañado por una mujer.
- ¿Sin hacer manitas?
- Si.
- Solo Nochebuena. Después de cenar nos vamos.
- Te quiero, Evita.
- Todos me queréis hasta que me presentáis a vuestra madre.

Happy y yo llegamos a casa de sus padres poco antes de la cena, y después de presentarnos unos y otros, nos dedicamos al intercambio social y de sofá que pasa en la mayoría de reuniones familiares propias de la fecha.

ABUELA 1: ¡Pues tu estas mejor que yo!
ABUELA 2: ¡Ay! Con la incontinencia que yo tengo…
ABUELA 1: Pues yo tengo sangre ahí abajo.
ABUELA 2: ¿No estas tu un poco mayor para eso?
ABUELA 1: ¡Que no es la regla! ¡Que es sangre del culo!
EVITA: (¡Ay!)
MADRE DE HAPPY (Dirigiéndose a ABUELA 2): Mamá, lo que tiene son almorranas.
ABUELA 2: ¿Y yo para que quiero almohadas?
ABUELA 1: Y oigo fatal. Y tengo cáncer.
ABUELA 2: Yo tengo diabetes.
PADRE DE HAPPY (Dirigiéndose a ABUELA 1): Madre, solo es un quiste de grasa.
ABUELA 1: Pues me voy a morir.
ABUELA 2: Yo no me voy a dormir aún.
MADRE DE HAPPY: Si al final nos morimos todos…
HERMANO DE HAPPY: Mamá, dame una mantita para el sofá. (El chaval estaba resfriado, el pobre.)
ABUELA 2: Hija, por mi no hagas maltita, que yo con café me arreglo.
ABUELA 1: ¡Pues tu estas mejor que yo!
EVITA: ¿El baño, por favor?
ABUELA 2: ¿Tienes incontinencia, hija?
ABUELA 1: Tendrá el mes.
MADRE DE HAPPY: Dejad a la chica, que querrá lavarse las manos.
ABUELA 2: Pues que friegue.
MADRE DE HAPPY: Es nuestra invitada y no friega.
ABUELA 1 Y 2: ¿Y cuando os casáis?

Que listo mi Happy. En ese momento le cogió un ataque meón y desapareció de escena.
Ignorante de mi, y confiando en el déficit de memoria de la ancianidad presente, no contesté, poniendo cara de sufrir también algún quiste en alguna zona de mi garganta que me impedía ejercitar el músculo de la conversación.
Pero ni por esas.

ABUELA 2: ¿Tu no serás de esas que van al extranjero a casarse?
EVITA: (¿Al extranjero a casarme?)
ABUELA 1: ¿Eh? ¿Eh?
HERMANO DE HAPPY: Je, je…
HAPPY: (Echándose, el muy cabrón, la meada mas larga de la historia)
PADRE DE HAPPY: Dejad a los chicos, que aún se están conociendo.
EVITA: !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
MADRE DE HAPPY: ¡Todos a la mesa!

Mas que salvada por la campana, fui salvada por el cordero y las gambas.
Ya en los postres, y con toda conversación y atención desviada de mi persona, le clavé las uñas en la pierna a Happy y le susurre:
- Tu familia cree que soy lesbiana.
- Bueno, por lo menos te culparán a ti cuando no nos casemos.

En fin, por un amigo se hace lo que sea. Esa no ha sido mi última cena con su familia. Me he convertido en un personaje exótico que de cuando en cuando reciben con gran placer en su casa. Y yo, con el tiempo, he observado que ya no me creen lesbiana.
Sencillamente ahora creen que soy una maníaca a la que le huelen los pies.



miércoles, 20 de diciembre de 2006

SE RUEGA INFORMALIDAD

SEC. 2ª TERRAZA CHOCOLATERÍA EXT./TARDE

FABIAN – MARY JO – EVITA



Domingo tarde. El sol baña una plaza atestada de gente. Fabián, Mary Jo y Evita están sentados en la terraza de una conocida chocolatería.


MARY JO: Cuanta lucecita navideña.
EVITA: Pero si están apagadas.
MARY JO: ¿Y que? Siguen siendo luces. Estas tu muy tontorrona, eh? Pues anímate que vas a estar cientos de días de vacaciones y estas un pelín coñazo.
FABIAN: No esta coñazo. Esta encoñada.
EVITA: No estoy encoñada.
MARY JO: ¿Con quien? ¿Cómo no se nada?
EVITA: No estoy encoñada.
FABIAN: Del tipo de los zapatos.
EVITA: No puedo creerlo... ¿Pero tú no intentabas buscarte plan para las vacaciones?
FABIAN: Mas plan que tu tendré, bonita. Te imagino todita celosa. Yo retozando con algún hermoso doncel y tu hasta el culo de Tanqueray brindando contigo misma.
EVITA: No te burles de esta huérfana soltera. Además, aún no te he visto triunfar con el móvil. Llevas la de Dios dándole vueltas y no te contesta nadie.
FABIAN: Eres una ordinaria, pero te quiero. ¿Por qué no quedas con Andrés?
EVITA: Mmmm... Es demasiado alto y me preocupa que vuelva a cogerme en brazos para que no pise ningún charco. Es mucha caída.
MARY JO: Pero si es un cielo.
EVITA: Para ti lo es. (A Fabián) La acompañó a comprar una tapa nueva para el retrete. La suya se resbalaba y tenía miedo de que se colase por la taza.
MARY JO: Ya...Pero no prometió amarme y respetarme y cuidarme y adorarme y cortarme las uñas el resto de mi vida.
EVITA: Y aunque lo hubiese hecho no incluía bucear en tu fosa séptica, guapa. Además, es un fetichista del consumismo.
FABIAN: Tu obsesión por los fetichistas es preocupante. ¿Qué más te da si le gusta coleccionar bolsas de Carrefour? Mario Bross come setas y nadie le dice nada.
MARY JO: Y que tendrá que ver...
FABIAN: Para mi mucho. Por eso cuando me enloquezco por un ternero lo hago todo con los ojos cerrados y solo trabajo el tacto.
MARY JO: ¿Pero de que estas hablando?
FABIAN: ¿Qué de que hablo? ¡Mira! ¡Mira! ¡Un hombre de un solo ojo!
MARY JO: Ya te has comido una Nintendo.
EVITA: Me siento como si tuviese un elefante dando saltos encima de mi pecho.
MARY JO: Eso te pasa por idiota: mangas un par de zapatos y te pasas la vida pagándolos.
EVITA: Yo no mango zapatos: los pierdo.
MARY JO: Mentirosa. Tu regalas los zapatos. La cuestión es si quieres recuperarlos.
EVITA: Más bien quiero que me pongan un zapato.
FABIAN: En ese caso habrá que ir comprando una calabaza.

martes, 5 de diciembre de 2006

UNA DE BESUGOS

SEC.1ª , TERRAZA CAFETERÍA, EXT/DIA

EVITA - Mr. T

Mañana soleada. Se ve a Evita sentada en la terraza de una cafetería. De fondo, se oye a la gente por la calle, ruido de ciudad. Se acerca un camarero a la mesa para tomar nota. Mientras espera el pedido, Evita se enfrasca en la lectura de su periódico. Al cabo de unos minutos, y ya saboreando el café, Evita se da cuenta de que un señor se ha sentado con ella y la mira fijamente.


Mr T: Una cosa, pero sin malicia: tienes una mirada de la que es imposible no enamorarse.
EVITA: ¡Uy! Pues muchas gracias, amable caballero.
Mr T: Es verdad: es impresionantemente intensa.
EVITA: De nuevo muchas gracias, pero me temo que usted se dedica al tráfico de órganos (desconozco si a tiempo completo o por horas), y esta en proceso de camelación de mi persona para poder sacarme los ojos de las cuencas, dejándome sin líquido llántico, porqué tendré carencia de rosados lagrimales. Eso es lo que nos decían las monjas en la escuela. Eso, y que además, los desconocidos se dedicaban a las labores de jardín.
Mr T: ¿Jardín?
EVITA: Desfloración. Usted es un desconocido, debería saberlo.
Mr T: En ese caso debo solucionarlo rápidamente.
EVITA: Cambie de oficio.
Mr T: No. Algo más sencillo: si me presento, me ahorraré las largas colas de la oficina de empleo. Me llamo Mr T. Seguramente mi cara te sonará de eventos de prestigio como la gala de los Oscar.
EVITA: Es que no tengo canal plus.
Mr T: Entonces puedo sacar tripa y confesar que soy el doble sin maquillar de M.A. Baraccus. Ya no somos desconocidos
EVITA: Evita, servidora de usted. En ese caso debo decir que tienes una barbilla monísima y unos dientes de no fumador muy bien alineados.
Mr T: Si entramos en la dinámica de los piropos, pronto acabaras conmigo.
EVITA: No te creas, que yo le saco mucho partido a los pelos de la nariz y a los pelos de las orejas. De todas formas, en breve saldré corriendo y dejaré caer un zapato para que lo recojas.
Mr T: ¡Que romántica!
EVITA: Si es que los zapatos me vienen grandes.
Mr T: Eres única para romper el encanto del momento.
EVITA: ¡Que va! Si es que soy muy tímida, y me abruma el encanto del momento. Aunque por otra parte, me encanta el encanto del momento, así que sigue dándole el toque encantador a esta conversación.
Mr T: Comprenderás que en breve tendré que someterte a mi famoso interrogatorio.
EVITA: Bueno... aunque lo que debes saber de mi es que todos mis calcetines son con rayas y que consumo a diario queso fresco.
Mr T: ¿Eres de pies fríos?
EVITA: Si la pregunta es literal, en este momento los tengo helados.
Mr T: Ahora mismo me gustaría saber a que saben tus labios.
EVITA: A Liposan: los tengo cortados.
Mr T: Ya he perdido el toque mágico contigo...
EVITA: No, para nada... no estas nada mal, y eres extremadamente mágico.
Mr T: Me gusta que te guste.
EVITA: Te gusta que te guste... ¿te debería gustar que te gustase que yo te guste? ¿O que me gustase? Joer, que me he liado. Si es que los verbos no son lo mío.
Mr T: Repítelo, que me pone mucho no entenderte.
EVITA: Mmmmmm. ¿Debería gustarte que me gustase que yo te gustase? Y ahora los verbos están bien conjugados.
Mr T: No se que decir, pero mientras estabas conjugando, pensaba en besarte los labios.
EVITA: Vaya...
Mr T: ¿Momento tenso?
EVITA: Pensaba en mi zapato. Va siendo hora de que lo deje caer.
Mr T: ¿Vas a dejar que lo recoja?
EVITA: Como me temo que eres un fetichista y que ya has intentado robarme los ojos, casi te regalo el zapato para que tengas un buen recuerdo de mí.
Mr T: ¿Me dirás que no a algo?
EVITA: Depende de los años de cárcel.
Mr T: ¿Y si son seis meses y un día?
EVITA: Entonces dependerá del pabellón. Es que me gustan las comodidades.
Mr T: ¿Volveré a verte?
EVITA: Siempre tomo café aquí.
Mr T: ¿Cuál es tu número?
EVITA: 38, me temo que un poco pequeño para tu gran fantasía.
Mr T: Me refería al teléfono.
EVITA: Mi teléfono no usa zapatos. Es un poco salvaje. Gusta de correr descalzo por el interior de mi bolso.
Mr T: ¿Nunca contestas a preguntas sencillas?
EVITA: Nunca, y sobre todo, si me las hace un desconocido.
Mr T: En ese caso tendré que dejarte sola. Y quiero que reflexiones sobre la excelente oportunidad que acabas de perder. Soy el hombre de tu vida y vas a dejarme escapar.
EVITA: De acuerdo. Déjame reflexionar unos segundos.
Mr T: ¿Y?
EVITA: Pues que creo que debo empezar a utilizar botas...

M.A. Baraccus desaparece de escena. Evita retoma la lectura del periódico. Al cabo de unos minutos levanta la vista. Parece pensativa.

EVITA: Parecía un buen zapatero. ¿Cómo habría cuidado de mi zapato?

martes, 28 de noviembre de 2006

COSAS QUE DICEN (Y, QUE A VECES, CUENTAN)

Recuerdo la escena de Hechizo de luna en la que Loretta confiesa que esta enamorada y que por eso no se casará con Johnny. Me gusta cuando el abuelo de la familia, muy apesadumbrado, moviendo la cabeza de un lado a otro, bajando la mirada y sufriendo todo el peso del universo sobre los hombros, dice que no entiende nada.
Pues así esta Evita. Que no entiende . Pero ná de ná.

Yo lo intento. Me rascó los ojos, me doy golpes en la cabeza y consulto enciclopedias. Claro, como lo hago en ese orden, abro siempre la Larousse al revés y se me hace muy complicada la consulta. De ahí que no tenga más remedio que tirar de bastos conocimientos adquiridos durante años en la revista Super-Pop y de los cientos de etiquetas de champú leídas en el cuarto de baño. Y doy fe de que funciona.

Después de años de meteorismo he leído todas las etiquetas habidas y por haber, y hace un tiempo, después de dieciocho semanas de estancamiento intestinal, decidí presentar la Tesina a mi médico de digestivo: ¿Cabello normal o graso? Estudio del comportamiento de los capilares expuestos a constantes retortijones o de cómo salir airoso de un baño público sin que se le ericen los pelillos de la nuca al que entra inmediatamente después.

Bien. Este es un estudio más que serio. Se ha hecho lectura de él en diferentes foros, ha formado parte de temarios de oposición y se ha discutido en el senado. Como reputada científica he participado en congresos y conferencias. Mi ponencia más conocida fue Paradigma de la uretra: el papel cagón ¿doblado o arrugado?
Dejé el mundo del conferenciante poco después de empezar (¡ja!) con la dieta: tanto pincho de tortilla y albóndiga de bote regada con sangría acabaron con mi poco pronunciado perfil. No conozco a ningún conferenciante de mi nivel que se resistiese a tan estiloso ágape. Por eso todos los conferenciantes están a dieta. Aunque debo reconocer que algunos conferenciantes están delgadísimos porque no llegan a final de mes. Fíjate en Mari Espe: hay treintenas que hace números. Y lo dice con la boca grande. Y ya puede decirlo con la boca enorme. ¿Cuántos libros caben en su boca?
Más me preocupa el contenido con el asunto de Tamayo y que nadie parezca demasiado acalorado. Alguien dijo lo de “es increíble que la perspectiva de tener un biógrafo no haya hecho desistir a nadie de tener una vida.”En fin.

Si es que parece que hay que ser una nulidad metafísica para salir en la tele. Pongo como ejemplo a la Supermodelo (perdón, como no he coincidido con ella en ninguna conferencia me resulta difícil, al no haber sido presentadas, recordar su nombre.) Pues el otro día colgó su bola correspondiente en la navidad televisiva diciendo “ahora me falta algo de cultura (...) saber cual es mi escritor favorito”. Que rica. Supongo que ira a Corporación Dermoestética y pedirá que le ponga un aumento de autor favorito. Aunque yo no me preocuparía demasiado: no creo que los caballos que desfilan en espectáculos y ferias tampoco tengan claro lo de sus lecturas preferidas.

Como ya he explicado antes, dejé de ejercer de conferenciante a causa de la dieta. Ello no me impidió guardar y mantener estrechos lazos con el mundillo académico.
Es bueno el peloteo. Tener contactos te facilita tener contactos. Que estupidez.
Total, que los nudos y lazos me ayudaron a mantenerme en el dignísimo, a la par que mas discreto, puesto de negro de ponente.

El último encargo que he recibido ha sido un estudio sobre las listas de boda y el alcance en la vida parejil de dichos objetos. Pues armada con mi Super-Pop y con la revista Hola (Hello para los instruidos), me he sumergido en un universo de luz y de color y de planning and dreaming , que no me lleva, me parece a mi, a ninguna conclusión.

He estudiado ardua y afanosamente la cuestión para seguir sin entender para que sirven determinados detalles u obsequios expuestos en ceremonia o en las listas de boda.
Si es posible, ¿alguien puede explicarme la función de la olla, el peine y el gato que ha regalado Tom Cruise a su Katie en plena ceremonia económico-nupcial?
Entiendo que es muy bonito (¿?) regalarse en la pedida de mano (o valoración gonádica de la hembra a cubrir, peritaje de medios y habilidades culinarias) un anillo o un reloj, la botella de Mirúrgia y de Napoleón entre los padrinos y futuros consuegros, el compromiso de una hipoteca, o incluso el intercambio de teléfonos el día de la boda con el tío de la orquesta. Pero, ¿un gato? Pues lo de la olla casi si, que este chico con lo rarito que es a lo mejor le hace falta alinear la batería de cocina en el dormitorio para poder cumplir con el apéndice del hombre de Michelín . O hasta para ponerse el puchero en la cabeza y taparse la cuperosis (que mira que le afean las rojeces a este hombre. Lo monísima que se veía a Heidi, y el elementillo este, pues ya ves...).
Es que yo, que lo extrapolo todo, me viene Tomasín y me regala un gato...

Veamos. La novia al uso esta un año a dieta para que to er mundo ese día sufra ulceraciones y chancros sifilíticos de la envidia. (Nota: a no ser que lleves todo el noviazgo metiéndote mano llevando guantes de lana con mezcla de amianto y tu novio no sea consciente que lo que coge no es teta sino lorza lorcera con denominación de origen y, a este paso, en proceso de convertirse en especie protegida, la dieta siempre es a favor de los invitados).
Seis meses antes empiezan los tratamientos corporales, las limpiezas de cutis, reconstrucción de virgo (aunque sea en la oreja), porque al fin y al cabo si una se casa de blanco, es por que en el fondo es tradicional.
El día de autos empieza incluso antes de que despierte el gallo que no cesa para ir a la peluquería. Otra cosa que no entiendo: te estiran el pelo, te llenan de hierros la cabeza y te someten a la acción de un spray pegajoso y encima a pagar sonriente y agradecida. Todo un misterio. Después sesión de maquillaje: toda una restauración para conseguir que en las fotos salgan los rasgos perfectamente dibujados y al mismo tiempo no parezcas un payaso en las distancias cortas. Colocación de traje, que contra todo pronóstico al final queda mas grande de lo que pensaba la novia. Ataque de nervios a causa del traje y retoque posterior del maquillaje por las lágrimas histéricas.
Después se llega al lugar en cuestión , sea el ayuntamiento del pueblo de los contrayentes o un castillo en Italia. Total, viene a ser lo mismo. Entonces, cuando la novia esta en pleno momento mas importante de su vida, y en mitad de charcos de sangre de gente moribunda que desfallece por las llagas de la envidia, llega el enano gilipollas de la cuperosis y le tira un gato encima a la pobre novia. Claro, la muchacha esta desprevenida y no atina a coger el gato cómodamente y lo trinca del rabo. El animalico, por supuesto, se revuelve y despeina por completo a la pobre Dunia. Supongo que esa es la razón del peine.

Pues eso, que no entiendo nada. Aunque tal como esta el mundo, tampoco es tan raro.

domingo, 19 de noviembre de 2006

DE ALMAX Y DE MARIPOSAS

Nací un día que, de tanto calor, mi madre más que romper aguas, se le evaporó el líquido amniótico.
De la prisa por conocer allende extramuros, me quedé de un amarillo al mas puro estilo chino cudeiro que no perdí hasta el primer top-less.
Mi primera boda fue en el jardín de infancia, y ya no paré hasta tercero de E.G.B.
Como lo del chino cudeiro se me quedó muy grabado en mi, ya de por si, degradada psiquis, cuando aún no media metro y medio, y emulando a Carpanta robando un jamón, me metí en mitad de un partido de futbito escolar con la intención de atrapar el balón con mis tiernas manos. Y allí andaba , mientras los sacrificados niños corrían tras el esférico yo, entusiasmadísima, gritaba ¡Kongorima! o dicho en burgales de toda la vida me la voy a pegar. Evidentemente, después del golpetazo superlativo contra una columna que se encontraba cerca del encuentro, acabé en el hospital para que me diesen dos puntos de sutura en el labio. Ese mismo verano caí por las escaleras del desván de mi abuela rodando como la piedra del camino que me dijo que mi destino solo era llorar y llorar, conservando del momento peoncero una cicatriz en mi tibia derecha que, la verdad, tampoco afea mucho mi persona. He sufrido innumerables caídas desde columpios varios, dos lanzamientos al vacío desde una tapia, un accidente de moto y uno de coche.
De todo esto se puede decir que por un tiempo fui la joven promesa española de los Videos de Primera: nena rubia monísima con una capacidad sobrenatural para pasar cuatro de cada siete días con venda, tirita o apósito rondándome que te rondaré.
De mi afán por los golpes se pueden sacar muchas conclusiones, que dejaré en manos de expertos como sociólogos, sicólogos, neurólogos, traumatólogos e, in extremis, a algún antropólogo forense que se interese por mi caso.

Toda la exposición de golpes, dolores, lloros y mercurocromo, es para convencerme de que la mejor fórmula para triunfar en el amore, es contarle al potencial caro carisimo que una es algo torpe en los andares universales. Claro, y me pongo a pensar y pensar, y solo se me ocurren situaciones incomodísimas. Veamos: Evita conoce aun señor maravilloso que hace que me brillen los ojitos, me note mariposas en el estómago y me crezca una rosa en el pelo. Quedamos para cena y copas. Me lleva a una marisquería lujuriosamente cara, que como el tipo encima de maravilloso esta forrado, pues va a ser que paga él. Pues yo que soy muy campechana me como los carabineros con las manos, y justamente ese día, que voy preciosísima de la muerte, cuando le quito la cabeza al bicho me suelta el chorrito ese que se supone que una debería estar chupando (lo se, se presta a conclusiones) y me pringa el entre dos de mi camiseta favorita. Mecagüentoloquesemenea, (no, eso no, que soy mas fisna de lo que parece) ¡Oh, que contratiempo! Y caro carisimo, que es todo un caballero, rápidamente moja la punta de su servilleta para limpiarme la mancha. Pero yo, que soy una marisabidilla, y que cuando me gusta un señor de verdad estoy condenada a hacer el ridículo en su presencia, opino que será mejor darle a la mancha con un poquito de limón, así que cojo el limón, aprieto lo justo para sacarle un par de gotitas y ¡zas!, como no, directo a los ojos. Ojos apretadísimos intentando controlar el lagrimeo porque, como esa noche quiero triunfar en la plaza, me he puesto las pinturas de guerra de todas las tribus conocidas y corro el peligro de convertirme en un paso de cebra. Alargo la mano hacia donde creo que esta mi servilleta, y como no veo un pijo, le doy un manotazo a la copa y derramo la bebida sobre la mesa. Al momento noto que el líquido gotea sobre mis piernas, me levanto de un salto (puro instinto anti-manchas, oiga), del impulso tiro la silla, y como soy muy torpe con tacones, pierdo el equilibrio y caigo encima de los comensales de la mesa que esta inmediatamente detrás mío. Me paso mas de treinta minutos disculpándome con todo el mundo y, cuando consigo encontrar el tacón que se me ha partido, caro carisimo me dice con firmeza que él no tomara postre. A esas alturas me temo que yo tampoco. Acabo volviendo en taxi a casa, rociándome el cuerpo con Reflex, colirio en los ojos, Loctite a mis tacones y Almax para apaciguar la furia de los cadáveres de las mariposas que se descomponen en mi estomago.

¿Qué futuro me espera con semejante torpeza? Evidentemente siempre puedo liarme con un quiropráctico. O con un escayolista. Y yo que pensaba que me merecía un príncipe o un dentista...